La importancia de tener una familia que te apoya

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Tras bastante tiempo sin escribir, debido a un libro que hasta que no he terminado no he parado, vuelvo a mi rutina de escribir en el metro, y que mejor manera de retomar mis artículos que escribir sobre uno de los pilares de mi vida: la familia.

Porque seamos sinceros, yo no estaría donde estoy ahora mismo sino es por su apoyo y dedicación durante casi 30 años. Tengo la gran suerte de contar con unos padres y abuelas que han dado por mi más de lo que tenían para que pudiera conseguir mis objetivos.

Lo primero y crucial ha sido la educación que desde pequeño me han dado, que ya nací dando guerra y lo pasaron francamente mal hasta que salí de la UCI con 15 días (y contra todo pronóstico, sin ninguna secuela). Durante mi infancia supieron manejar a dos mocosos como mi hermano y yo, que nos peleábamos hasta por el tenedor del postre que tenía dibujado un conejo. Nos han educado de la mejor manera posible y han trabajado muy duro para poder tener la calidad de vida que siempre hemos teniendo.

Y fueron realmente inteligentes para tomar la decisión correcta en dos momentos clave que han marcado mi vida:

El primero de ellos fue cambiarme de colegio en 1º de la E.S.O., desde pequeño he ido al colegio que me pillaba más cerca de mi casa, el colegio público Juan XXIII de Las Lumbreras (Monteagudo), y aunque no era un colegio malo, el ambiente que hay en un pueblo cuando llegas a la pubertad no es el mejor que digamos. Así que gracias a esa decisión, y a su educación, a mí siempre me enseñaron a decir no cuando no quería hacer algo, evitamos tener que enfrentarnos a problemas que suelen surgir en los pueblos pequeños donde se quiere experimentar con todo. Me cambié al Colegio Antonio de Nebrija donde tuve la gran suerte de contar con una formación inconmesurable y el lugar donde conocí a los amigos que hoy día me acompañan en este viaje llamado vida.

La segunda gran decisión ocurrió en un momento crucial para mí, había terminado bachiller, no de la mejor forma posible para ser realistas, y la academia donde iba a estudiar el grado superior de informática dos semanas antes del comienzo del curso suspendió dicho grado por falta de alumnos. Por lo que me encontraba con 18 años, en septiembre y con la previsión de un año totalmente desperdiciado. Pero lo que pasó días más tarde lo convirtió en el mejor año de mi vida hasta el momento. Recuerdo perfectamente ese día, yo estaba en mi habitación, escuchando música supongo, porque no había WhatsApp aún, y mis padres estaban hablando en el salón, cuando me llama mi madre, al llegar allí me dijo: ¿Tú te irías a Inglaterra a aprender inglés? Yo totalmente anonadado respondí: ¿en serio? ¿Cuando hacemos las maletas? y una semana más tarde cogí el vuelo que me llevó a vivir la experiencia que cambió totalmente mi forma de ver la vida.

Y por supuesto, como ya conté, la posibilidad de venirme a Madrid no hubiera sido posible si no es por su ayuda. Cada vez que he tenido un problema, los he llamado a ellos para conocer su opinión, y hoy día para mí son una pieza fundamental. Mi amigo y compañero de piso a veces se pregunta por qué llamo casi todas las noches a mi casa, y la respuesta es fácil: no cuesta nada mantener a tu familia informada de todo, aunque no tengas nada nuevo que contar, puesto que para ellos también es difícil que sus hijos no estén allí día a día y esa llamada hace más corta la distancia.

Siempre están ahí, se esfuerzan día a día por ayudarnos en todo lo posible para que lo único que tengamos que hacer nosotros, los hijos, sea vivir y labrarnos un futuro a poder ser mejor que el que han tenido ellos. Así que valoremos su esfuerzo y demos gracias por vivir la vida que nos ha tocado, en vez de exigir lo que no tenemos.

Así que desde este artículo quiero hacerlo públicamente: GRACIAS a mi familia por haberme educado de la forma que lo habéis hecho y por haberme apoyado en todas las locuras que he propuesto, porque sin vosotros no sería ni la mitad de lo que soy.