Mucho más que un salto

Hace unas semanas 4 locos nos fuimos a Mula a hacer puenting, digo locos porque realizar este tipo de actividad no es para personas cuerdas. Llevaba mucho tiempo pensando en hacerlo, concretamente desde que me enteré de que mi primo Pablo se dedicaba a ello, pero siempre lo vas dejando y te vas convenciendo de que lo harás más adelante, ya sea el miedo o la lógica pero nunca es el momento perfecto para dar el paso. Así que aprovechando que iba a bajar a Murcia y que por las redes sociales mi prima Aida (ayuda a mi primo con la publicidad de Limit Life) puso que ese finde estaba programado realizar puenting, lo llamé y le dije que contara conmigo y con mi amigo Julio. Ya estaba dicho, no me podía echar atrás, por lo que desde ese momento empiezas a luchar contra tus pensamientos día y sobretodo noche.

Durante todo el tiempo desde que confirmé hasta el día del salto pasan por tu cabeza miles de razones para no hacerlo y luchas interiormente por dar mil y una razón para sí hacerlo. En un principio me convencí diciéndome que no iba a saltar, solo iba a ver como los demás lo hacían, ya que se suponía que iba a ir más gente. Yo lo dije en los grupos de Whatsapp de mis amigos, a ver si algún valiente más se apuntaba, sorprendentemente lo hicieron dos, Mario y Miguel. Toda la semana antes del sábado 17 de Junio no hubo hora que no me acordase de lo que me esperaba, ya fuera durante el trayecto al trabajo, a la hora de comer o durante la noche, pero ese nerviosismo iba creciendo conforme pasaban los días. Tal es el grado de estrés que te cabreas contigo mismo por pensar tanto, intentas ponerte mecanismos para cuando te llegue la imagen del puente a la cabeza sacarla de ahí a toda costa, pero a los 5 minutos vuelve.

Sobra decir que personalmente para mí, era un reto enorme, si me da ansiedad ir por la autovía, no digo nada tirarte por un puente, pero la vida está para vivirla al máximo, y tengo claro que con ansiedad o sin ella no me pienso poner ni un sólo límite. El jueves de antes llamo a mi primo para confirmar la locura del sábado, y para mi sorpresa me dice que sólo íbamos nosotros, mi primera excusa de sólo ir a ver se derrumbó en ese mismo instante, ¡medio estaba obligado a hacerlo después de molestar a tanta gente!. Así que llega el día de viajar a Murcia, viernes por la tarde, en el trabajo te despides dejando tu testamento a los compañeros, aunque en tono de broma pero por dentro no dejas de pensar que hay una posibilidad de que no sea una broma.

Esa noche tenía claro que no iba a pegar ojo, pero para mi sorpresa dormí como un tronco, a la mañana siguiente temprano sin darle muchas vueltas fui con mi padre al punto de quedada con mi primo. Al llegar todos, exceptuando Miguel que se encontraba aún resacoso de la noche anterior, y tras las primeras preguntas de seguridad de Julio, nos fuimos para los baños de Mula. El trayecto fue mucho mejor de lo esperado, apenas pensé en lo que estaba a punto de realizar, y con la conversación que llevábamos se hizo muy corto.

Media hora más tarde ya estábamos en el puente, ahora sí que no había vuelta atrás, te vas adentrando y vas viendo la altura que va cogiendo, risas nerviosas con tus colegas pero por dentro estás cagado. Nada más llegar al punto exacto desde donde vas a pegar el salto te pones a ver la altura, ¿para qué haría eso? Te consuelas diciendo que si caes por lo menos mueres seguro, no te quedas en una cama de por vida. Pablo empieza a preparar las cuerdas y nos lo explica todo detalladamente dejando claro que la seguridad es lo primero: dos cuerdas enganchadas a 4 sujeciones, arnés de cuerpo entero, casco, distancia de seguridad, etc.

Julio se ofrece voluntario para saltar el primero, por lo que comienza a ponerse el arnés, yo grabando no dejo de pensar en si lo haré o no lo haré, si cuando esté colgado me dará un chungo y no sobreviviré y los miles de pensamientos negativos que te invaden. Él tiene vértigo, por lo que es un reto enorme pegar el salto, así que le enganchan la cuerda al arnés y cruza la barandilla, aprovecho para hacernos una foto para la posteridad y le dejo en su momento. Aida nos da un consejo que fue clave: disfruta de tu salto, es solo tuyo, ahora no importa más nada. Pablo desengancha el mosquetón de seguridad y se pone a coger el casco para ponérselo a Julio, yo empiezo a grabar y sin llegar a ponérselo salta hacia atrás dejando a mis primos sorprendidos porque ni se dieron cuenta. Pegando gritos con la adrenalina lo baja hasta el suelo mientras se va balanceando, y desde arriba lo llaman loco por no esperarse a que le contaran el típico 1,2,3 salta!

Yo más nervioso si cabe dejo de grabar, si lo ha hecho Julio (que viene convencido por mí), no puedo defraudarle y defraudarme ahora. De hecho, lo malo ya ha pasado, si me echo para atrás ahora, todos los días de pensamientos y horas sin dormir no servirían para nada. Mario decide ser el segundo, suben el arnés, y se lo pone decidido y repite operación: cruza la valla (esta vez Pablo se asegura que lo haga con el casco puesto) y lo desengancha de la cuerda de seguridad, hace la cuenta atrás y salta. Miguel había llegado justo antes de que empezáramos a saltar, y los siguientes éramos o él o yo, por lo que al preguntar quién era el siguiente, no me puedo esperar más turnos y decido que ha llegado el momento.

Mi cabeza es un hervidero de pensamientos negativos, la respiración cada vez es más costosa y tengo un tembleque que apenas me mantengo en pie. Mi primo prepara el arnés, primero una pierna, después la otra, te lo subes y empieza a tirar de las cintas, te pones el casco y ves como va tirando de la cuerda para ajustarla por debajo del puente, aún ahí te dices que no es necesario pasar por todo eso y que tienes la posibilidad de echarte para atrás. Con los tirones te vas acercando a la valla, sin dudar más, cruzas la pierna izquierda, cruzas la derecha, ya estás a un solo paso y tu cerebro va a mil, intentas respirar pero apenas puedes moverte, los músculos de las manos enganchadas a la barandilla nunca han estado tan tensos, Julio te da unos mensajes de apoyo y Pablo viene y te quita el mosquetón de seguridad, ¡faltan segundos!, mi primo me da la mano y me da ánimos, se echa para atrás, yo me digo a mi mismo que no puedo dudar, que en cuanto diga tres te sueltas o sino no salto. Así que Pablo cuenta, 1, 2, 3, ¡salta!, mis manos se desenganchan de la barandilla a la vez que das un salto hacia atrás al vacío, vas por el aire bajando muy rápido, te coges de la cuerda y notas el tirón de la misma sujetándote, haciendo una parábola empiezas a balancearte, pegas un grito soltando todo lo acumulado durante días, y en ese preciso momento, sabes que es una de las mejores experiencias de tu vida. Tu cabeza se tranquiliza y envalentona, sabes que si has realizado el salto, puedes con cualquier cosa que te venga en el futuro, y ahí está la clave de por qué este salto es mucho más que un simple paso hacia atrás: a partir de ese mismo momento tus pensamientos podrán tener una razón de peso para combatir el miedo, y en el futuro siempre podré decir, si hice puenting esta circunstancia no me va detener. Me quedo colgado y llorando de felicidad, mi primo me baja hasta el suelo y le digo a mi padre que lo he conseguido y que por mucha ansiedad que tenga no me voy a detener ante nada en la vida.

La parte mala de esta experiencia es pura física, todo lo que baja tiene que subir, estaríamos fácilmente a 35 grados y ni una sombra alrededor, por lo que la cuesta hasta subir al puente otra vez se hace muy costosa. Eso sí, llevas tal subidón encima que si te dicen de subirla haciendo el pino, no se si la subes, pero intentarlo seguro. Al llegar arriba ves a Miguel ya preparado para su salto, Julio grabando con el móvil se acerca para inmortalizar mis impresiones y prepararnos para el segundo salto, esta vez hacia delante.

Miguel disfruta de su salto, aunque con algún dolor en la zona genital, y Pablo empieza a preparar el arnés para el segundo salto de Julio. Una vez preparado y con el casco puesto, cruza la valla y se entretiene en admirar la vista que hay a 20 metros con absolutamente nada debajo, tras la cuenta atrás pega un salto hacia delante sin titubear, a pesar del vértigo que tiene.

Sus saltos ya han acabado, pero a mí aún me falta uno, aunque para ser sinceros, todo el temor ha desaparecido, por lo que este salto lo saboreo más. Me entretengo más al estar al otro lado del puente contemplando las vistas, y en la cuenta atrás no lo dudo y me dejo caer, pegas una voltereta un tanto agresiva y ya estás otra vez balanceándote pegando gritos de alegría. Nada más subir Julio me espera para darme la enhorabuena y decirnos a nosotros mismos que nada nos va a detener, que cualquier cosa que nos propongamos lo vamos a conseguir, con más o menos esfuerzo pero sin límites.

Es increíble la sensación de plenitud cuando tu mente está centrada en una sola cosa, de lo que es uno capaz cuando no existe la palabra miedo rondando la cabeza, ojalá hubiera un botón que hiciera que eso ocurriera constantemente y que los temores desaparecieran para siempre, pero no es así, por lo que hay que seguir trabajando en ello y preparar la siguiente aventura. Este salto para mí ha sido una experiencia realmente increíble, me ha hecho abrir los ojos y realmente darme cuenta que no hay cosas imposibles, que aunque se pase mal el resultado es exponencialmente mejor. Llegará un día en que todo lo que pienso con lógica y relajado se grabe a fuego en mi cerebro y lo piense también en momentos de ansiedad y estrés, no será mañana ni pasado, pero mientras siga dando pasos como éste estaré más cerca de mi objetivo.

 

© 2017 Óscar Martínez Murcia

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