Un viaje que se echaba de menos

El pasado 28 de abril volvía a viajar con mis padres después de pasar mucho más tiempo de lo que me hubiera gustado, pero ya sea por la crisis o porque la vida es así, desde que me fui a Jamaica hace ya un montón de años no volvía a viajar con ellos. Por lo que este viaje me hacía una ilusión especial, y desde que lo planeamos en Navidad ansiaba que llegara el día para irnos a Ibiza con mi sobrino a ver a mi hermano.

Lo teníamos todo comprado para irnos juntos desde Denia en el ferry, pero una semana antes mi jefa no me permitió pedir el día libre que necesitaba para llegar a tiempo, estábamos a punto de empezar un proyecto y justo caía esa semana. Así que tuve que cambiar el billete para irme por la noche sólo desde Valencia. Pero cosas del destino, el día de antes del viaje se confirmó que el proyecto no empezaba hasta la semana siguiente, entonces decidí cambiar todos los billetes (tren, bus y ferry) para poder irme con mi familia sin que ellos se enterasen, hasta me salió más barato al final.

Por lo que el viernes a las 11 estaba montado en el AVE dirección Valencia dispuesto a disfrutar de un viaje de nuevo con la familia. Al llegar a Denia con el bus, y querer darle la sorpresa a mis padres, en vez de llamarles y que me recogieran en la estación, tuve que pegarme una caminata para llegar al edificio del barco. Nunca se me olvidará la cara de sorpresa de mi madre cuando me puse detrás de ellos y les grité que ya había llegado, se le iluminó la cara y vi que ella tenía la misma ilusión que yo por realizar ese viaje juntos. Son esos detalles los que hacen que esta vida merezca la pena vivir, hay que luchar por tener muchos momentos así.

El viaje en barco se hizo muy ameno, entre que ves como hace las maniobras para salir del puerto desde la terraza y vas viendo el precioso paisaje de la costa o te paseas por todo el barco con tu sobrino jugando, cuando te quieres dar cuenta ya estás viendo la isla de Ibiza y cómo el barco va dando la vuelta a la isla para entrar por la parte del sur. Al llegar estaba mi hermano con Verónica y Yaiza esperando para irnos de cena, así que tras los abrazos pertinentes y la cara de absoluta felicidad de mi sobrino nos subimos a la furgoneta que habíamos alquilado en dirección al hotel.

A la mañana siguiente nos levantamos relativamente temprano y nos fuimos para la ciudad de Ibiza, apenas tardamos 20 minutos desde San Antonio, esto es una de las cosas que mas me gustó de Ibiza, que por lejos que esté el lugar a donde vas no tardas más de 45 minutos. Subimos hasta el castillo andando y contemplamos el maravilloso paisaje de Ibiza, con la bahía y sus montañas rodeando la ciudad. Tras las fotos pertinentes, bajamos por dentro de la muralla y nos paseamos por las tiendas de la ciudadela. Ya después de comer, fuimos al mercado de Las Dalias, un sitio bastante característico de Ibiza dónde puedes encontrar desde puestos muy bonitos hasta personajes que viven de una forma muy extravagante. Después de las compras necesarias nos dirigimos a Santa Eulalia a tomar un helado, un sitio muy bonito con un paseo inmenso donde mi sobrino se lo pasó en grande. Para acabar el día cenamos en un mejicano en San Antonio, era un sitio muy curioso, con un puente colgante en la segunda planta y teléfonos en las mesas para llamarse entre ellas. Después de la cena y para aprovechar que llevaba mucho tiempo sin ver a mi hermano, decidimos salir los dos a tomar algo, estaba tan a gusto hablando con él, aunque el bar no era el mejor de Ibiza la verdad sea dicha, que se nos fue un poco de las manos y llegamos al hotel un poco tocados, ¡pero que buena noche fue!

Al despertarme a la mañana siguiente con un poco de resaca, decidimos ir a visitar las calas de la zona, es un auténtico lujo contar con esos paisajes tan cerca de casa, la tranquilidad que da estar viendo el mar es algo indescriptible. Pasamos la mañana viendo calas increíbles hasta la hora de comer, que fuimos a un mesón en San Antonio donde comimos realmente bien. Ya por la tarde nos dirigimos a la otra punta de San Antonio a seguir viendo playas y calas, la verdad que si te gusta el mar, Ibiza tiene miles de sitios para disfrutarlo. Para ver la puesta de sol fuimos a una cafetería llamada El Buda, una terraza al lado de la playa donde yo personalmente iría cada tarde a ver ese espectáculo que la naturaleza nos regala. Para acabar ese magnífico día cenamos en un chino y reventados nos fuimos a dormir.

El último día simplemente fuimos a pagar el alquiler del coche y nos paseamos por el puerto de Ibiza esperando la salida del barco. Momento desagradable cuando tienes que ver a mi sobrino despedirse de su padre, es muy triste que un niño se esa edad tenga que pasar por eso, aunque forma parte de la vida y se terminará acostumbrando. Por eso creo que hay que tener muy claras las cosas antes de tener un hijo, porque desde el momento en que nace, tu vida ya no es sólo tuya.

Quiero terminar diciendo que fue un viaje realmente increíble, que nos lo pasamos todos estupendamente y que ojalá pronto se repita. La familia muchas veces la descuidamos porque es lo que tenemos más cerca y creemos que siempre van a estar, trasladando siempre el momento de disfrutar con ellos por cosas "más importantes". Así que espero y deseo que éste sea el primero de muchos viajes que nos quedan por hacer juntos.

© 2017 Óscar Martínez Murcia

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