Comenzamos a arrancar las patatas

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Pues si, después de un tiempo en Madrid trabajando empezamos a ver resultados, el pasado 24 de febrero Julio y yo cogimos un vuelo a Manchester a ver a nuestro amigo Antón, que lleva por Reino Unido un par de años. El billete nos lo sacamos hace un tiempo y llevábamos tiempo deseando que llegara la hora de embarque por lo que ello significaba. Como todo el mundo, mi deseo es viajar mucho, y este viaje significa el comienzo de una larga lista de destinos que espero visitar en los próximos años.

El vuelo se me hizo muy corto, Antón nos estaba esperando en el aeropuerto y enseguida ya teníamos el Uber que nos llevó al piso donde vivía. Esa misma noche nos fuimos a tomar algo por Manchester, y como suele ser habitual, nos reímos una barbaridad. Teníamos mucho que hablar, y tras 3 intentos fallidos de que bajaran la música de la discoteca, Julio y Antón inventaron el mecanismo esencial para poder hablar con música alta: hacer un embudo con la carta de cócteles. Tal fue el éxito del invento, que acabamos hablando con las lugareñas directamente boca-oreja a través del embudo.

Al día siguiente cogimos un tren para visitar Liverpool, yo había estado hace muchos años, pero no me acordaba de lo bonita que es la ciudad y la vida que tiene con ese bulevar repleto de gente. Como parada obligatoria fuimos a The Cavern Club, el mítico bar donde comenzaron The Beatles, escuchando Let it be nos tomamos un par de pintas y disfrutamos del ambiente inglés. Comimos por allí al lado y por la tarde nos dimos una vuelta por el puerto, como ganan las ciudades con mar, una auténtica maravilla pasear por esa zona. Tras la visita a un par de sitios más nos tomamos otra pinta y de vuelta en tren para Manchester a cenar una pizza.

El último día lo dedicamos a ver un poco Manchester, es una ciudad un poco más apagada que Liverpool pero con mucho estudiante. No nos hizo un día muy bueno, por lo que andar por la calle era un poco incómodo, así que decidimos comer en un chino, coger el Uber para recoger las maletas y dirigirnos al aeropuerto. Llegamos con tiempo de sobra, pero para nuestra sorpresa habían retrasado el vuelo casi 2 horas, tocaba esperar al vuelo que nos llevara de vuelta a casa.

Con bastante tiempo de retraso llegamos a Madrid y dábamos por concluido el primer viaje en esta nueva etapa de nuestra vida. Da gusto ver que aunque el camino nunca es fácil, y venirse a Madrid fue una decisión dura, los objetivos empiezan a cumplirse y sin lugar a duda estoy en el camino correcto de poder seguir cumpliendo sueños.